A ti, mujer

Hoy que hablamos de mujeres, te pido a ti mujer, que no me juzgues porque me guste que un hombre me abra la puerta al pasar. No soy más débil ni me siento menos independiente que tú porque un hombre se ofrezca a ayudarme con la maleta. A vosotros, os pido que sigáis haciéndolo.

Soy feminista, pero te pido que no me metas en un lote y me etiquetes como si fuéramos todas iguales. No me gustan las generalidades y tampoco que la ansiada y necesaria igualdad de derechos y obligaciones en sociedad se convierta en una lucha en la que si no pienso como tú me dices que tengo que pensar, soy menos feminista. No me gusta la politización de los derechos, ni me gusta que algunas pretendáis que esto sea una lucha de géneros, en la que los hombres son el enemigo por el mero hecho de ser hombres. Por favor, no enseñéis a las futuras generaciones a odiar.

Tengo la suficiente inteligencia para distinguir entre la buena y la mala gente y prefiero diferenciar a las personas por ser como son y no por su género. Porque no nos engañemos, no todas las mujeres son estupendas. Son muchas las fuertes, luchadoras y generosas, pero también las hay malas, egoístas y manipuladoras. Y he conocido a muchos capullos, pero afortunadamente, conozco a muchos más hombres fantásticos que hacen de este un mundo mejor.

Así que, por favor, no me compares con otras, ni con otros, te ruego que no me compares con nadie. Te pido que no me metas en el mismo saco de las que increpan a otras mujeres en manifestaciones, supuestamente feministas, porque no piensan igual que tú. ¿No será entonces que no eres tan liberal? Porque la igualdad es respetar al otro aunque no piense de la misma manera. Y no, no voy a perder la femineidad o la sensibilidad, que son solo algunos de los muchos motivos por los que me gusta ser mujer. Y si tú has decidido teñirte el pelo de morado o enseñar tus pechos, no sé muy bien para qué, respétame a mí porque yo reivindique mis derechos de otra forma.

Si un hombre y yo estamos dentro de un edificio en llamas, lo más probable es que sea él quien me tenga que sacar a mí. Y no por eso seré menos que él, quizá es que, sencillamente es más fuerte que yo y necesitaré su ayuda.

Tenemos mucho que aprender, hay que cambiar muchas cosas en esta sociedad, muchas mentalidades y muchos patrones que vienen repitiéndose desde hace años como si fueran algo normal. Hace falta mucha educación y buen ejemplo, hace falta dejar de normalizar la violencia, pero ningún cambio para bien se conseguirá desde el odio.

Ojalá, pronto no sea necesario celebrar este día.

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