Mi otro curriculum

Actualizando mi curriculum me di cuenta de que normalmente nos limitamos a exponer nuestros conocimientos académicos y nuestra experiencia profesional, sin embargo no contamos nuestras vivencias personales, que dicen tanto de quienes somos.

Viajar es lo que me ha hecho vivir algunas de las mejores experiencias de mi vida. He viajado mucho, lo he hecho por trabajo, por ocio y principalmente por curiosidad, como desafío, porque siempre tengo ganas de más y también he viajado para escapar.

Conozco sitios recónditos, algunos de ellos tan bonitos que es difícil describirlos con palabras. Lugares que no olvidaré nunca y a los que vuelvo mentalmente de vez en cuando. He estado en las antípodas del lugar en que nací, pero siempre quiero viajar más lejos.

He buceado en aguas cristalinas, he comido sopa en una bolsa de plástico sentada en la acera de una calle vietnamita cualquiera. He dormido en hoteles de lujo con vistas al skyline de ciudades increíbles. He regateado con conductores de tut tuc en idiomas imposibles y me he reunido con los CEO de grandes empresas. También he dormido en aeropuertos con mi mochila como única compañía y en una ocasión me desperté con la metralleta de un policía singapurense apuntándome mientras me pedía el pasaporte.

He charlado con embajadores, con diseñadores de moda que salen en las revistas y con monjes budistas. He trabajado y compartido barbacoas en la playa con personas tremendamente humildes y valientes que dejaron a sus familias a diez mil kilómetros de distancia para darles una vida mejor.

He visto nacer tortugas en una playa de madrugada sin que hubiera nadie más alrededor. He llegado a sitios en los que no sabía dónde dormiría ni durante cuánto tiempo. Sin saber y sin importarme a dónde iría al día siguiente.

He conocido ciudades imperiales y lugares que fueron cuna de muchas civilizaciones. Me perdí en zocos y mercadillos laberínticos y he compartido habitación con varias personas de distintas nacionalidades a las que no había visto en mi vida. También he viajado durante horas en autobuses de otro siglo por carreteras imposibles en los que los que era mejor no mirar por la ventanilla.

He navegado por el río Mekong, por el Nilo, el Danubio y también por el Misisipi. Conozco el Mar Muerto, el Mar Rojo y he nadado en el Pacífico y en el Índico.

He recorrido desiertos de arena y también de sal. Vi cielos estrellados a cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Tengo la suerte de haber visitado la última maravilla del mundo antiguo que se conserva y varias del mundo moderno.

Me sentí como Lara Croft viendo amanecer en los templos de Angkor y subí a una de las Torres Gemelas de NY. He cruzado la frontera de dos países esquiando y también he hecho sandboarding. He sobrevolado un desierto peruano en avioneta, un arrecife de coral en helicóptero, he viajado en globo y me tiré en paracaídas hace apenas un año. He visto puestas de sol inolvidables desde una moto de agua.

He conocido a gente de tan lejos, tan diferente, tan generosa y tan interesante con la que descubrí que tenía mucho más en común que con algunos de mis semejantes. He servido platos a turistas millonarios y también me peinó un peluquero famosísimo mientras bebíamos champán en la cocina de una mansión propiedad de una riquísima pareja de alemanes.

Me han invitado a la entrega de los premios Goya, los Príncipe de Asturias, a la ópera y he visto a Whitney Houston, a Alicia Keys o a Robby Williams entre bambalinas. He visto géiseres, volcanes y cataratas infinitas y jugado con niños que no tenían ni zapatos, pero que eran felices. Me he hecho fotos con gente que hacía cola para posar conmigo por ser algo así como un gigante para ellos. He paseado por campos de arroz y prados llenos de tréboles de cuatro hojas. Y me queda tanto por descubrir.

Podría decir que sigo siendo la misma, pero no lo soy. Y aunque no tengo más dinero, ahora soy mucho más rica.

 

 

Deja tu comentario

I accept the Terms and Conditions and the Privacy Policy