No quiero salir

No quiero salir si eso significa que todo va a volver a ser como antes. Si vamos a olvidar lo que tanta gente ha hecho por nosotros durante este tiempo.

Si vamos a dejar la solidaridad y el agradecimiento para volver a mirar única y exclusivamente nuestro ombligo, yo no quiero salir.

Si los cuarenta mil muertos pasan a ser una mera estadística y un mal recuerdo, difuso dentro de un tiempo, mientras cuarenta mil familias siguen rotas para siempre, quizá no deberíamos salir.

No quiero volver a la normalidad si esta significa perder el respeto y la admiración por el trabajo y el esfuerzo de los militares o los empleados de los supermercados. O si algún hospital tiene que volver a colgar un cartel pidiendo a los pacientes que no agredan a los sanitarios.

No quiero que la normalidad sea volver a aislarnos en nuestro micromundo y mirar hacia otro lado ante la injusticia o la soledad de otros. No quiero salir si no vamos a volver a saludar al vecino y vamos a olvidarnos de nuevo de las personas mayores.

Si se nos va a olvidar valorar lo pequeño y disfrutar de todo lo que tenemos, entonces merecemos volver a perderlo.

Si la normalidad es ignorar al cajero del supermercado o no dar las gracias a la farmacéutica, no la quiero.

No quiero que nos dejen salir mientras siga habiendo gente que crea que lavarse las manos a menudo o taparse la boca para toser o estornudar es algo temporal.

No quiero salir si eso significa volver a ensuciar playas, parques y calles con nuestros coches y nuestro consumo desmedido, sin importarnos quién vendrá después o creyendo que es trabajo de otros venir a limpiar nuestra basura.

No deberíamos salir si hay quien todavía no se ha dado cuenta de que todos respiramos el mismo aire y piensa que los problemas de los demás no nos afectan.

Si no ha cambiado nada, si no hemos cambiado nada, no quiero salir.

Deja tu comentario

I accept the Terms and Conditions and the Privacy Policy